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ARTÍCULOS

LA VERDADERA DIMENSIÓN DE UN GRUPO DE INDIVIDUOS COORDINADOS

   En estos tiempos muchos nos sentimos atraídos, quizá desde hace años, por el trabajo en grupo. Y algunos hemos vividos muchas experiencias grupales a medias, difíciles, o que no han llegado a buen puerto. La experiencia grupal puede ser increíblemente compleja, particularmente si es a largo plazo. Pero, cuando surge un grupo de individuos espontáneamente coordinados y con intereses afines, se crea algo muy especial.

Nunca olvidaré el impacto que me causó el primer grupo de individuos realmente coordinados que vi. Bajaban de la misma furgoneta y eran un espectáculo digno de contemplar, moviéndose al unísono, como un organismo, extendiendo un aura colectiva de buen humor, alegría, dicha. Inmediatamente pensé: “o también quiero eso”.
Y no me equivocaba. Cuando uno tiene esta experiencia, siente en el fondo de su ser que esto es lo que nos toca “ahora”, lo que nos toca manifestar local y globalmente en este planeta: grupos de individuos espontáneamente coordinados, fluyendo en un proceso continuo de comunicación y compartiendo la alegría de ser y de vivir, así como las dudas y todo lo demás. Cuando participamos en un colectivo así, las palabras “plenitud”, flujo, amor, empiezan a adquirir su verdadera dimensión.
          

   Un grupo espontáneamente coordinado no es fácil de conseguir. Los miembros tienen que haber realizado cierto trabajo previo con su “historia” personal, tienen que tener cierto entrenamiento para ser duchos en el arte de no rozar sin sentido, de saber valorar más la amistad que el malentendido, de discernir entre lo importante y lo trivial, y para saber contribuir de manera altruista con ese algo especial que sólo cada uno puede aportar.
   El participante en un grupo maduro debe haber adquirido, paradójicamente, cierta “individualidad”, cierto desarrollo personal, debe haber crecido y alcanzado ciertos logros en el mundo que le permitan estabilizar una identidad social externa. Sin ese logro previo, los grupos suelen fracasar porque sus componentes aún derivan su identidad de la comparación con los demás, lo que es fuente constante de inseguridad e inestabilidad. Desde esa identidad consolidada, el grupo es todo “ganancia”. 

Ésta es, pues, la invitación que extendemos. Las perspectivas son muy ricas, las posibilidades inagotables. El encuentro grupal siempre es una buena ocasión de explorar esta “conciencia grupal”. Un grupo que trabaje en conciencia sobre un problema y sea capaz de desplegar todas sus posibles ramificaciones, de ver su origen y consecuencias, de contemplar todas las posibilidades asociadas, reales e irreales, que sea capaz de mirarlo por arriba y por abajo, por los lados, por delante y por detrás, y volverlo del revés, crea la maqueta, la impronta, de la solución. Una vez creada la solución en el pensamiento, una vez abierta la posibilidad en la conciencia, sólo es cuestión de tiempo que se manifieste en el mundo físico. Éste es uno de los campos de trabajo abiertos que podemos explorar.  

 

   Este curso plantea y permite la posibilidad de presentar un grupo de individuos espontáneamente coordinados que no están sometidos a las viejas estructuras piramidales de poder y autoridad, un grupo de iguales que permite al individuo dar la verdadera dimensión de su expresión personal. Un grupo donde poder compartir e indagar libremente.
   Desde esta plataforma grupal ya constituida queremos extender esta posibilidad de participación activa y cooperativa a los recién para poder combinarnos todos, sin fisuras, en un proceso dinámico de creación y exploración, unidos por lazos de amistad y respeto.
   El grupo, el grupo de iguales que han llegado a cierto nivel de individuación, personas que tienen, en mayor o menor medida, “encendido su motor” y son propulsores, participantes y directores de sus respectivos procesos es el futuro próximo de la humanidad, de ese futuro que tenemos que crear con nuestras propias manos.
           

Ven a encender tu motor, y si ya lo tienes encendido, disfruta compartiendo con nosotros.
            Al final, se trata de compartir, sobre todo, nuestra pasión por la vida y de encontrar un lugar donde dar lo mejor de nosotros mismos. La invitación está abierta. Te esperamos.

Namasté.